Niños y adolescentes en Internet

¿Dónde prefieres que te insulten?

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¿PREFIERES SER INSULTADO EN INTERNET O CARA A CARA…?

La pregunta así planteada parece una provocación, en efecto. Nadie quiere ser insultado de ninguna manera, o casi nadie. Pero cuando planteamos a los adolescentes en qué entorno les hacen más daño los insultos, o en qué entorno los consideran más graves, las respuestas dan lugar a un intenso debate. Si por otro lado formulamos la pregunta a los adultos, los resultados varían considerablemente.

En las reuniones desarrolladas por PROTEGELES con miembros de los Paneles Paneuropeos de Jóvenes, se ha trabajado durante 2013 sobre esta cuestión. Así, el 40% de los menores considera más dañinos los insultos cara a cara.

Esta cuestión llama la atención, ya que al plantear la misma pregunta entre los ADULTOS, sólo un 12% comparte la idea de que resultan más dañinos los insultos sufridos cara a cara, el 7% no hace ninguna diferenciación significativa, y el 81% restante tiene claro que los insultos y ataques a través de internet son más dañinos que los sufridos cara a cara.

Los ADULTOS que consideran más grave el insulto en internet, señalan que:

  • Es más difícil defenderse de insultos y ataques en Internet.
  • Suelen ser públicos y afectan a la imagen o reputación digital del afectado.
  • La persona que insulta o agrede verbalmente suele buscar la difusión para conseguir “aliados” que le respalden. Busca implicar también a otras personas.
  • Los insultos pueden permanecer en la Red por tiempo indefinido, incluso cuando el posible problema haya sido ya solventado.
  • El insulto y ataque en Internet es premeditado. La persona que lo lleva a cabo no actúa por una reacción visceral del momento. Tiene por tanto un objetivo determinado, que puede ir más allá del simple desahogo.
  • Los insultos pueden llegar a ser prácticamente anónimos, por lo que puede ser realmente difícil saber quien está utilizando la Red para difundirlos.

Los ADULTOS que consideran más grave el insulto en persona, cara a cara, señalan que:

  • Los insultos cara a cara suelen conllevar mayor nivel de violencia.
  • Implican también el lenguaje no verbal. Una mirada, un gesto y una expresión amenazante unida a un insulto resulta mucho más dañina.
  • En caso de denuncia es más difícil demostrar una agresión verbal que se ha producido cara a cara, especialmente si no hay testigos.

En el caso de los MENORES DE EDAD, las razones que esgrimen para considerar más grave el insulto en Internet coinciden prácticamente con las de sus mayores. Y les preocupan especialmente otras dos situaciones apenas señalas por los adultos:

  • En Internet puedes no enterarte de lo que están diciendo sobre ti. Pueden enterarse los demás y tú no.
  • Los insultos y ataques verbales en Internet pueden malinterpretarse y considerarse más graves de lo que realmente son.

Los adolescentes señalan que con frecuencia se insultan y dicen cosas “poco agradables” en un contexto de broma. Mirándose a la cara saben interpretar la intencionalidad del compañero/a que les dice algo. Pero, en Internet, sin ver a la otra persona y fuera de un contexto claro, las palabras se pueden malinterpretar.

Los MENORES DE EDAD que consideran más dañino el insulto o ataque verbal cara a cara, inciden en señalar que:

  • El insulto cara a cara puede ser el preludio de una agresión física. En función de cómo se reaccione y cómo se desarrollen los acontecimientos la situación puede terminar mucho peor, o de una forma más “dolorosa”.
  • El impacto emocional que tiene la mirada, los gestos y el tono de voz de la persona que insulta. Afirman que “la sensación de miedo es mucho más difícil de olvidar” cuando la agresión verbal se produce cara a cara.

Parece ser que los menores conceden más importancia que los adultos a las situaciones conflictivas que se plantean cara a cara. Les preocupa menos lo que sucede en la Red, y por tanto no son muy conscientes de las implicaciones que tiene para la vida “real” lo que sucede en Internet. Podría concluirse por tanto que los menores de edad conceden menos importancia a la cuestión de la “reputación digital”.

Pues bien, esta conclusión, a la que llegaría encantado cualquier tecnófobo, es absolutamente FALSA.

Como explico en el artículo que puede encontrarse en este blog: “¿Preocupa a los menores su reputación digital?”, concluir que los niños y adolescentes no están preocupados por lo que cuelgan en Internet y por lo que piensan sobre ellos los demás es un tópico inasumible.Los menores están más preocupados que los adultos por lo que piensan sobre ellos sus iguales, así como por lo que se cuelgue sobre su persona en Internet. No es una cuestión de opiniones, ya que podemos constatar que esto es así, como explico en dicho artículo.

Pero entonces, si los menores están incluso más preocupados que los adultos por lo que se dice sobre ellos en Internet: ¿cómo es posible que casi la mitad de ellos confieran más importancia a un insulto o agresión verbal cara a cara? Siendo además conscientes de que en Internet es más difícil eliminar dichos insultos, pueden ser públicos, pueden participar terceras personas…

Hablando con ellos, planteándoles estas cuestiones y escuchándoles obtenemos la respuesta, que es una combinación de los dos factores ya señalados: el miedo a la agresión física, y el impacto emocional causado por el lenguaje no verbal del agresor.

Así es. En el entorno de los adultos es muy difícil que se produzca un enfrentamiento físico tras una discusión, en la oficina, por ejemplo. En el entorno laboral de los adultos todo suele suceder verbalmente. Sin embargo, en el entorno “laboral” de los menores de edad esto no es así. En  los colegios e institutos se producen agresiones físicas. Es cierto que la mayoría de ellas son de baja intensidad, y normalmente no llegan a trascender o a comunicarse a los adultos. Pero, la posibilidad de verse involucrado en una pelea, o de ser agredido físicamente por otros, es muchísimo más elevada en un colegio que en una oficina de adultos. A esta realidad, hemos de añadir el bajo umbral que muestran ante el dolor la mayoría de los niños. Su corta experiencia vital, y su falta de recursos para afrontar el dolor les hace vivirlo de forma más intensa.

Del mismo modo, ser objeto de insultos o amenazas en presencia del agresor o agresores, causa un impacto emocional importante en el niño y en el adolescente. Les marca. La violencia real les impacta, y más cuando va dirigida contra ellos.

En conclusión, debemos señalar que los nativos digitales son muy sensibles a todo lo que se dice sobre ellos, tanto dentro como fuera de Internet. Pero muchos de ellos (un 40% aprox.) confiere más importancia a las agresiones verbales cara a cara que a las agresiones “digitales”, debido a la posibilidad real de sufrir también una agresión física y experimentar dolor. A medida que va aumentando la edad de la persona, va disminuyendo la posibilidad de ser agredido físicamente en el entorno habitual de estudio o de trabajo. El insulto y la descalificación dejan de asociarse directamente con la violencia física y el dolor. Toda la atención se centra en las palabras y en sus medios de difusión. NUNCA podemos concluir que los menores de edad estén menos preocupados por su reputación digital. Simplemente hay algo que les asusta más durante la etapa escolar, y con razón, ya que las posibilidades de ser agredidos físicamente en dicha etapa son realmente mayores.

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