Niños y adolescentes en Internet

Internet en los colegios: ¿Educación o experimentación? Cambios en el cerebro -II Parte-

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Hace unas semanas participé como ponente en una reunión de trabajo organizada por el Centro Nacional de Innovación e Investigación Educativa –CNIIE-, del Ministerio de Educación. Dentro del Grupo de Calidad Educativa desarrollamos la ponencia “Educación, Salud y Bienestar”, con la intención de establecer las bases de un Plan Bienal. Pues bien, en dicha reunión tuve la oportunidad de plantear la necesidad de incluir el concepto “Salud Digital”, y todo lo que conlleva, en el Plan que se está desarrollando. He de decir que me llenó de satisfacción comprobar el alto nivel de concienciación de los distintos profesionales que participan en la ponencia. Así mismo, al abordar el tema de los posibles cambios generados en el cerebro de los niños por el uso continuado de las TIC, me alegró también comprobar que alguno de los asistentes conocía incluso los resultados del conocido popularmente como “estudio de los taxistas de Londres”. Dicho estudio fue fundamental en su momento, para comenzar a desmitificar la idea de un cerebro rígido y poner de manifiesto su plasticidad.

En la década de los ’90, un equipo de científicos británicos dedicó parte de un estudio a escanear los cerebros de taxistas de Londres. Dichos profesionales tenían distintas edades y su experiencia a los mandos de un taxi iba de los dos a los cuarenta y dos años. Los científicos descubrieron que la parte posterior del hipocampo de los taxistas estaba hiperdesarrollada. Se trata de una zona especializada en el almacenamiento y la manipulación espacial, lo cual resulta fundamental para su trabajo. Es más, descubrieron que el desarrollo y volumen de dicha zona era proporcional al número de años trabajando como taxista. Es decir, el desarrollo iba siendo cada vez mayor con los años de experiencia en la actividad. Además, el hiperdesarrollo de la parte posterior traía como consecuencia un menor desarrollo de la parte anterior del hipocampo. Maguire, Gadian y Johnsrude pusieron de manifiesto cómo la repetición de una tarea estaba remodelando el cerebro de los individuos estudiados, y provocando una redistribución de la materia gris. Y esto además en individuos ya adultos.

Bastante antes, en los años ’50, el biólogo británico J. Z. Young llamó la atención afirmando que “podía probarse que las células de nuestro cerebro se desarrollan y aumentan literalmente de tamaño con el uso, así como se atrofian o mueren por falta de uso”. La misma conclusión había sido alcanzada ya a principios del siglo XX por el psicólogo estadounidense William James y plasmada en su obra “The Principles of Psychology”.

En la actualidad, los estudios y pruebas sobre la neuroplasticidad del cerebro son innumerables, y es algo que nadie cuestiona ya. Algunos de los trabajos más conocidos están centrados en determinar los cambios que se producen en cuanto a la redistribución de las neuronas ante la pérdida de la visión, o del oído, o de un miembro del cuerpo. Creo que incluso a nivel popular todo el mundo es consciente ya del especial desarrollo del oído y el tacto que se observa en las personas invidentes. Por poner sólo un ejemplo mencionaré uno de los últimos trabajos, realizado por neurocientíficos de la universidad de California, que confirma que el cerebro de los invidentes se transforma anatómicamente y cambia de volumen en determinadas regiones, para permitirles compensar la pérdida de visión con nuevas capacidades. La investigadora Natasha Leporé y su equipo, constató en su laboratorio de neuroimagen que las regiones visuales del cerebro tienen menos volumen en las personas ciegas que en las que sí ven. Y que, por el contrario, las regiones cerebrales no relacionadas con la vista presentan un mayor volumen. Se descubrió, por ejemplo, que los lóbulos frontales (dedicados a funciones ejecutivas) eran anormalmente grandes. La misma neuroplasticidad  se observa también en personas que han sufrido infartos o hemorragias cerebrales, y que con el tiempo son capaces de recuperar funciones que eran previamente ejecutadas por las zonas lesionadas.

Y, evidentemente, la neuroplasticidad es una característica que hemos desarrollado para bien y para mal. Es decir, permite desarrollar y afianzar nuevos hábitos en nuestro cerebro, tanto si estos son positivos como negativos. Si acostumbramos al cerebro a realizar una tarea nueva y específica con regularidad, las estructuras neuronales que se desarrollen se afianzaran tanto si dicha tarea es buena para nosotros como si no lo es. Tanto si se trata de lavarse las manos antes de comer, como de fumar un cigarrillo… Podemos desarrollar malos o buenos hábitos, con buenas o malas consecuencias.

Es decir, el uso continuado de las TIC entre los niños está generando cambios en la estructura de su cerebro, en su forma de procesar la información, relacionarse, etc. Esto es inevitable, y lo que sería una noticia es que las horas diarias de uso de internet, smartphones, tablets y videoconsolas no tuvieran ningún efecto significativo. Lo que estamos empezando a observar, como comentaba en el artículo “Cambios en el Cerebro I”, son cambios muy concretos. Cuestiones que afectan a lectura y la adquisición de información, el uso de la memoria de trabajo (o a corto plazo), la sobrecarga cognitiva, la llamada multitarea… pero hemos de reconocer que estamos sólo en una fase inicial y no podemos sacar muchas conclusiones a medio o largo plazo que nos permitan generalizar. Pero lo que sí me gustaría aclarar es que tales modificaciones se producirán (lo están haciendo ya), independientemente de que sean buenas y convenientes o no lo sean. No podemos ni debemos aceptar cualquier cambio como bueno o como inevitable. Algunos de dichos cambios serán fantásticos pero otros será necesario frenarlos. Ahora hemos de identificar unos y otros, y después actuar sin complejos en beneficio de los más pequeños.

En algunos colegios se están implantando las TIC a todos los niveles, y los libros y cuadernos han sido sustituidos por las tablets. Las pizarras son digitales, y la comunicación entre padres y profesores se produce a través de las plataformas online. Pero lo que tengo muy claro es que en muchos casos se está haciendo sin valorar los beneficios de unas cosas y otras. Es importante no sobrecargar a los niños con kilos de libros que pueden llevar en un dispositivo electrónico, pero ¿debe ser todo digital? ¿Hacer un ejercicio pulsando con el dedo sobre las soluciones correctas, es como escribir la respuesta..? ¿Tiene importancia para fijar la información en el cerebro el proceso de escritura..?

Voy a poner un ejemplo muy concreto, para bajar a la arena. Hace unos días, un profesor me preguntaba si las presentaciones que utilizaba con sus alumnos están bien confeccionadas o no. Se trataba de presentaciones desarrolladas con “Prezi”, y tenían un buen trabajo detrás. Cada diapositiva incluía texto, e imágenes relacionadas con el texto. Le pregunté qué hacía él cuando les ponía las diapositivas, y me contestó que realizaba la explicación del tema. Pues bien, tal y como le aclaré, los resultados de las investigaciones que ya se han realizado al respecto ponen de manifiesto que una narración, unida a texto en la pantalla, más imágenes o animaciones sobre el tema, genera sobrecarga cognitiva. Es decir, los mensajes multimedia no se pueden utilizar de cualquier manera. Utilizar tres elementos en paralelo es un error. Muchos elementos juntos no suponen un mayor aporte de información, en absoluto. El cerebro de sus alumnos/as irá del texto a las imágenes y vuelta, al mismo tiempo que intentará procesar el mensaje verbal que le llega a través de los oídos. Si queremos efectividad y que realmente asimilen bien la información es interesante utilizar un medio verbal y otro no verbal en paralelo, pero no más. Y dependiendo de la edad y el objetivo, debería utilizarse un solo medio.. pero ese será tema de otro artículo.

La conclusión a la que debemos llegar es que si sabemos cómo utilizar correctamente las TIC le haremos mucho bien a los niños. Conseguiremos una generación diferente y puede que con mayores capacidades. Pero si lo hacemos mal, o si no sabemos lo que estamos haciendo, o si aceptamos todo lo que venga de las TIC como bueno sin más… entonces estaremos experimentando con los niños.

  • Alex Hutchinson, “Global Impositioning Systems”, Walrus (2009).
  • E. A. Maguire, D. G. Gadian, I. S. Johnsrude et al., “Navigation Related Structural Change in the Hippocampi of Taxi Drivers”, Proceedings of the National Academy of Sciences, 97, nº 8 (11/04/2000).
  • J. Z. Young, “Doubt and Certainty in Science: A Biologist’s Reflections on the Brain”, Londres, Oxford University Press, 1951, pág. 36.
  • N. Lepore, Y. Shi, F. Lepore, M. Fortin, P. Voss, YY. Chou, C. Señor, M. Lassonde, me Dinov, AW. Toga, PM. Thompson “Patterns of Hippocampal Shape and Volume Di
    erences in Blind Subjects”. Neuroimage 46. Pág. 949-957

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5 comentarios »

  1. Creo que están perdiendo la capacidad de concentraciòn en un texto y la capacidad de estar en silencio a causa de tantos estímulos.

  2. Se empieza a hablar de “infobesidad”.

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